El performer un diamante latente. Emancipación.

Introducción del libro El performer, un diamante latente. Emancipación. Transdisciplina-Transcultura de Marisa Busker, publicado por Tinta Violeta.

Por Marisa Busker

En un texto muy honesto que escribí en enero del 2023, que pertenece a una de mis obras  en donde le cuento a la audiencia sobre mi trabajo, digo: 

“Siendo entonces una joven adulta, me sentía ser moléculas que se desperdigaban. No  encontraba las formas, mis formas. No entendía que contenían mis moléculas. El cuerpo  me pedía algo que yo no sabía reconocer. No tenía los recursos para reconocerlo. Me  sentía fuera de foco. Tuve que buscar.  

Ahora sé reconocer mis formas. Siempre con un largo proceso de introspección. De  buscar y buscar, de espera. Hasta que algo aparece… 

…Luego de un largo proceso, es el placer que siento porque puedo conformar una obra  con las herramientas al alcance de la mano. Recuperar la pulsión, preparar el gesto que  me impulsará al tempo-ritmo. Plantar la obra, refundar la obra… 

Me revuelco en el barro y voy precisando mi destino…” 

Es más largo, pero con este fragmento, por ahora me basta. 

Y qué significa emancipación, emanciparse: 

Diccionario Rae 

emancipación 

Definición 

Del lat. emancipatio, -ōnis. 

1. f. Acción y efecto de emancipar o emanciparse. 

Sin.: 

o liberación, independización, autonomía, manumisión. 

Reconocer, saber escuchar a mis moléculas promueve -sin dudarlo- un alto grado de camino a la emancipación, la liberación, la autonomía. Y tratándose de las artes, significa  encontrar los parámetros necesarios para poner a funcionar a mis moléculas con total  agrado.  

Cuando era una joven adulta, sentí gravemente la imposibilidad de poder decidir sobre  cómo, qué, dónde, el cuándo de mis emociones, el cuándo de mis deseos. Mi cuerpo  proponía entonces un gran caos. Y lo que yo hacía, alrededor de mis 20 años, en estado  de gran desesperación, era agarrar una botella de cualquier tipo de alcohol y hacer fondo.  No quería morir. Sólo quería que mi cuerpo parara en su confusión por un rato. 

Yo tocaba el piano y el fagot, con formación de conservatorio, un conservatorio de línea  europeísta y una escuela pública orientada obviamente a la educación patriótica y a  modelos que no conformaban del todo en sus contenidos a mis moléculas. Aunque no  fueron períodos desagradables, lo difícil vino después. Comencé a tener entonces fuertes  crisis de identidad. No encontraba un centro en mi cuerpo, me agarraban ataques de  pánico. No podía vislumbrar cómo o por dónde seguir.

Tomé clases de música de cámara con Mónica Cosachov (entre mis 20 y 24 años), quien  tenía otra visión en la formación, con algo más corporal y cientificista. A mis 24 años, fui  aceptada en el Sweelinck Conservatorium Ámsterdam para estudiar el fagot con los  mejores. 

Pero, y a pesar de aprender a lo loco, volvían mis crisis de identidad.  

Lo que descubrí fue que esas músicas, eruditas, magníficas, proveniente de esas regiones y trasladadas a la Argentina en la consolidación de la Nación, no eran mis músicas en su  totalidad, ni mi voz, ni mi cuerpo. Yo me sentía allí desarraigada. Eran todas instituciones  organizadas luego de la revolución francesa, modelo en Argentina del Conservatorio de  París, Italia, Madrid.  

Mi haber nacido en Argentina, y todo lo que me tocó en lo referente a mi identidad, y la  construcción de una identidad patriótica, en mis aquellos 20 años, para luego ir a la  Europa centro de la procedencia de mis posibles males, fue la confrontación con mi “se  muere” que descubrí -y no hace tanto tiempo atrás- ser pronunciado por Gilles Deleuze en  su libro La subjetivación-Tomo III, 2da edición, editorial Cactus, refiriéndose a Foucault.  Nunca nadie me había explicado esto tan bien. Nunca nadie le puso palabras tan claras a  ese sentimiento que yo tenía a mis 20 años. Nunca nadie me había dado una imagen tan  perfecta y poética. 

Lo que yo comprendí y rescato en mi versión es que el “se muere” está en la línea del  afuera, es el más allá, casi la muerte misma a la que nunca tendremos que llegar  mientras estemos con vida. Es un lugar que transita a velocidades extremas,  desconocidas. El gran trabajo es el de descubrir algo de lo que está ubicado allí, que nos  amenaza desde esa línea del afuera y encontrar una línea hacia nuestro interior sobre la  cual hacer un pliegue. Esa línea con su pliegue cavará profundo en el cuerpo. Lo ideal será  entonces vivir entre pliegues y crear desde allí. Los pliegues son nuestro recurso de  creación, de vivir -tal vez- respirando mejor. Al estar entre pliegues entramos en un mar  que no tiene ni orilla, ni suelo, ni fondo en donde navegaremos por siempre, llevando cada  vez más allá a la línea del afuera, porque a ese lugar nunca llegaremos. A mí me hace feliz  estar en este mar navegando entre pliegues. 

Pero -como seguramente saben- para descubrir este “se muere” tuve que atravesar un  gran trabajo de campo y de inventar metodologías de reconstrucción de mí misma, que  fueron surgiendo con las mismas necesidades y espacios que encontré incompletos en el  transcurrir. Por ejemplo, en Ámsterdam y con un libro de Quantz que me recomendó allí  mi maestro (Busker:2011). ¿Y cómo empezar? Yo empecé tomando la decisión de salir de  lo conformista y escribí entonces día por día en un cuaderno las pequeñas cositas que se  me iban ocurriendo. Y fui profundizando en ellas más y más. Tengo de recuerdo y bien  guardado, un cuaderno en donde fui tomando nota de mi entrenamiento físico y vocal que  inauguré en mis años en la India. Lo que hay allí es minúsculo comparado con todo lo que  hago ahora, pero así comencé. Yo le digo a esto tirar del piolín. Y es lo que tantas veces  dije en mis presentaciones delante de gente joven: que rescaten sus propias inquietudes,  que las consideren, las escriban y tiren del piolín. 

Este libro es uno más de la serie el performer, un diamante latente y se diferencia de mis  dos libros anteriores –Diario de viaje y entre matrices– en su título en continuidad, claro:  Emancipación. Y tuve muchas, pero quiero hacer presente a dos de ellas. La primera  aparece al tomar coraje para dejar todo aquello de las instituciones que inician luego de la revolución francesa en Europa y se trasladan en forma de expansión como tentáculos avasallantes a muchas partes del planeta. Ya había sucedido anteriormente con la  conquista de América, con el saqueo, la destrucción y masacre de culturas nativas. La sangre no paró hasta que las exterminaron -o eso fue lo que creyeron-, para implantar un  nuevo modelo de prosperidad y desarrollo. Fue en la Argentina allá por 1850 y no sólo hubo pueblos originarios aplastados y desplazados por todo el planeta, en donde se  comenzaron a levantar las nuevas instituciones traídas de Europa. En esas instituciones  tuve mi primera formación. 

Mis padres son primera generación nacida en Argentina, a excepción de mi abuela  materna que supongo es diaguita de la zona cordillerana, La Rioja. Yo no tengo noticias  fehacientes de los orígenes de mis abuelos. Más o menos sí, más o menos estudié, más o  menos recurrí a documentos, observé y me propuse imaginar con coherencia y con una  fuerte compenetración instintiva, llevando entonces adelante un gran trabajo de campo  con criterio y mucha paciencia. Lo inventé, verdaderamente, lo inventé para reinventarme.  

En el 2019, cuando logré recuperar mi voz como yo la había deseado, escribí y canté:  

“Soy mi voz, las voces de todos, las voces de tantos. Las voces que fui inventando, las que  fui encontrando, las voces que imagino. Una imagen que se vuelve voz, una imagen que se  vuelve danza, que se vuelve palabra, que se vuelve sonido. Una imagen que se vuelve  vibración. Una vibración que se vuelve imagen. Una pulsión, una vibración. Esta vibración,  nuestra vibración.” 

Cabe destacar que, para mecerse, navegar uno entre pliegues, es importante tener  recursos corporales, herramientas que compuse entonces a través de otra gran  búsqueda, mi danza escondida, la Matriz1, (M1) que ya todos conocen y muchos utilizan y  que mencionaré nuevamente a lo largo de este libro. Les recomiendo practicarla,  incorporarla. No lo duden. Podrán así tener recursos para darle cuerpo a las  subjetividades que los inunde. La danza escondida evitará que se hundan, evitará que se  ahoguen, lo sé. Podrán moverse con más facilidad entre pliegues. 

Hay algo que reconozco con los años, que se constituyó en las construcciones espaciales que realicé, cualquiera sea su naturaleza, que éstas son un conglomerado en su materialidad, con tempo-ritmo, con imágenes, una cosmogonía, el reconocimiento de un  corpus del ser-hacer en contexto, estimulada por desencadenadores, la repetición que  conforma la ritualidad. Es performatividad, performance que significa cualquier cosa de  esta naturaleza que uno plante en el espacio. No es sólo sonido, o sólo forma, o sólo  mover el cuerpo, no. Es un complejo. Yo lo encontré, lo busqué porque mi práctica de  campo me lo fue proponiendo y proporcionando. Existe, es así, lo inventé, pero ya estaba  ahí. 

Los etnomusicólogos hoy lo reconocen o al menos eso creo. Hablan por ejemplo de  vocalidades que son ese complejo o algo por el estilo: un cuerpo con una imagen que se  modifica, que baila en un contexto y produce con su voz, todo al mismo tiempo. 

Mi primera emancipación fue entonces la toma de decisión de separarme de lo  hegemónico y todo el proceso que significó, con pequeñas emancipaciones intermedias  hasta llegar a mi segunda emancipación que es haber encontrado lo que llamaré mi  propia canción. Y ¿y qué significa mi propia canción? Tener un cuerpo antiguo y  conviviente (Busker:2022) con moléculas que piden y son escuchadas, que tienen pulsiones y saben organizarse, que pueden proyectar sus subjetividades en formas con  contenidos que danzan en un tempo-ritmo en contextos sugeridos y contagian a otros a  participar. Y entonces digo en otro fragmento de ese texto del 2023 “seremos comunidad.  Bailo, bailo y bailo…”. También y muy importante, es que puedo improvisar con el cuerpo y  con la voz y que incluyo a esto en mi propia canción.  

No digo que haya que destruir lo que ya existe, pero sin duda, podrán incorporarse estas  modalidades que colaborarán, sin quererlo, con recursos para más emancipaciones. Y tal  vez traigan modificaciones sanas al medio. Se integrarán abriendo espacios. Tal vez habrá  que modificar los términos historiográficos, modificar los programas para adentro, pero  será beneficioso. La religión patriótica que homogeneizó creyendo que así iba a construir  una unidad de las heterogeneidades podrá mirar a la otredad haciéndole lugar en vez de  aniquilarla. 

En este escrito mostraré varios trabajos que realicé entre el 2013 y 2019, que son parte de  las búsquedas que comencé luego de haber consolidado mi primera matriz (M1) la danza  escondida, y que se encauzaron en recuperar mi voz perdida y culmina de alguna manera  con la construcción de mi matriz originaria (M2). Los trabajos son fragmentos de En busca de la voz perdida un proyecto de investigación de 2013-2014 en donde entré a las  instituciones argentinas de la Ciudad de Buenos Aires buscando algo de voz  preconceptual que es para mí el nicho identitario y de la expresión de los lenguajes. Este  proyecto obtuvo subsidio de Proteatro para investigación especial. Le siguen Cultura e identidad en la globalización: tentáculos culturales” del 2018 en donde analizo, tomando  como escusa a la constitución de El sistema de orquestas juveniles que instaló Abreu en  Venezuela y que se extendiera a muchos países en Latinoamérica y más allá, de forma  global; Soberanía en la diversidad del 2018, en un trabajo de campo con niños de 8 años en donde puse a funcionar mis metodologías nuevas integrándolas en el estudio de  currículos de escuela pública; Universos sonoros de lo originario en uno mismo, este  último ya bien conocido y que fue la antesala de ORIGINARIA, espacios santos de  universos privados. Una biografía de la identidad, performance estrenada en diciembre  2019. Aquí hoy incluiré un desglose más específico de todo lo recorrido, aquello que  constituye mi segunda Matriz (M2) que es sin duda el trabajo de campo realizado en la  búsqueda de las rutas de mis ancestros y las articulaciones físico-sonoras, lo cual fue  muy difícil, ya que no tenía fuentes o memorias sólidas de referencia a partir de las cuales  buscar. Tuve que ir construyendo un imaginario que abriera las puertas para ir al  encuentro de mi propia canción, esta segunda emancipación. Y las encontré. Encontré  las vibraciones que dieron lugar a los cuerpos, sonoridades, imágenes, cosmovisiones  que me permitieron dar tridimensionalidad necesaria para plantar la obra (Busker:2022),  construyendo mis propios espacios reales, aunque siempre buscaré y volveré sobre estos  pliegues. 

Encontré, varias veces a lo largo de todos estos años a intelectuales, estudiosos,  académicos de renombre que eligen echar culpas por ejemplo a Aristóteles, tal vez a  Descartes o al patriarcado o a que “no hay referencias”, de nuestros problemas de hoy, en  vez de proponer nuevos modelos que resuelvan hacia adelante aquello que los-nos aqueja. Bueno es conocer la historia, claro. Pero no debería acabarse allí.  Yo elegí la emancipación que, aunque propone atravesar un largo camino saliéndome de  las problemáticas en las que estaba inmersa, haciendo pequeños trabajos de campo y avanzando hasta conformar metodologías que me ayudaran a descubrir y me contuvieran  en mis subjetividades, en mis singularidades, en mi cuerpo, en mi voz e identidad. 

Me volví una artista transdisciplinar, pionera en transdisciplina de las artes. Encontré un  tronco común a todas las disciplinas especializadas. La transdisciplina al igual que lo  relacional, son hoy mi frecuencia para estar en el planeta. Generé dos matrices neutras la  danza escondida y originaria. Creo mis propios espectáculos haciendo obras peculiares y  no convencionales. Quise tener otro tipo de espacio para mis espectáculos que  integraran a los espectadores a la escena y con los años lo logré. Puedo improvisar con el  cuerpo y con el sonido.  

Encontré mi propia canción, la segunda emancipación. Aunque como dije, será un  navegar continuo entre pliegues en un mar que no tiene ni orilla, ni suelo, ni fondo. 

Este tercer libro es sólo e-book y es necesario que sea así ya que está pleno de links  ejemplificadores. Espero que les sea útil y puedan disfrutarlo al igual que disfruté yo con  cada paso en el tratar de ser yo misma.

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