Si todo es una ficción, prefiero inventar mis propias ficciones

Toda mitología esconde una realidad, abril, 2021

Por Roma Vaquero Diaz.

Nico Rodríguez Sosa relata a Mundo Performance su forma de habitar el ser artista y la experiencia con “Toda mitología esconde una realidad”, una muestra individual presentada en Misiones este año.

Nico Rodríguez Sosa es unx artista visual, arquitectx y misionerx, que construye universos ficcionales, queer y mitológicos. Unx artista en búsqueda, pero también en pleno goce, que planta su visión poética y política desde un humor que te deja las cosas bien claritas al termino de la carcajada.
En abril de este año, presentó “Toda mitología esconde una realidad”, una muestra individual en el Centro Cultural de la Estación, en Posadas, que contó con la Beca Creación en Artes Visuales del Fondo Nacional de las Artes y con el apoyo de la Secretaría de Cultura de Misiones. En esta exposición, Nico indaga acerca de la performatividad de la mitología y de la potencialidad de instaurar significados y formas de percibir el mundo.
A partir de los siguientes tópicos con los cuales se divide la entrevista, Nico Rodríguez Sosa nos cuenta de su devenir artístico, en el cual se percibe autodidacta aún sospechando de este término, ya que cree que todas las experiencias, personas y formaciones hacen que pueda transitar estos caminos.

Toda mitología esconde una realidad, abril, 2021

Un viaje queer
Mi recorrido está trazado por cierta deriva y está marcado por tres ciudades: Posadas, Córdoba y Buenos Aires. Nací en una provincia de triple frontera. La cultura paraguaya, la cultura brasileña y la cultura guaraní se mezclan y crean un abanico de colores y prácticas híbridas y tráficos estéticos. En mi niñez y adolescencia, el arte era algo inalcanzable, aquello que sucedía en la historia, en los libros, en Buenos Aires. Admiro a la gente que dice “yo a los doce sabía que iba a ser artista”. Yo nunca supe que iba a serlo, hasta el día de hoy me cuesta ponerme en ese papel. Yo dibujaba desde muy chicx detrás de los planos de mi madre que es ingeniera, intercambiaba figuritas con mis amigas mientras los varones jugaban al fútbol, hacía objetos de barro, fabricaba instrumentos musicales con elementos cotidianos, vivía en un mundo imaginario.

A los dieciocho años me fui a Córdoba a estudiar arquitectura, pero en realidad mi deseo pasaba por estar en otro lugar, habitar otro territorio y jugar a ser otrx por un rato. Mi propia revancha por todo lo que no había podido ser en mi niñez y adolescencia marica y artista. Esto creo que también es algo compartido con amigxs maricas del pueblo. Mi adolescencia no había sido fácil y me fui muy enojadx de Misiones. El escape fue la forma de sobrevivir y poder hacer florecer otras potencias que llevaba conmigo.

Córdoba me mostró la libertad, la amistad, las fiestas, los amores. En la carrera, lo único que me apasionaba eran las materias de dibujo, la historia del arte y la arquitectura.

En el 2010, una cátedra de dibujo ofrecía becas con una universidad de Italia para registrar gráficamente el patrimonio artístico de ese país. Me seleccionaron por mis dibujos y pasé un mes dibujando volcanes, templos, anfiteatros, plazas y ruinas de Italia. Yo nunca había salido del país, así que estaba como en un estado de éxtasis artístico. Fue una experiencia surreal. Al volver, entré en crisis con la carrera y como la facultad otorgaba viajes muy baratos por el centro de estudiantes, tuve un impulso por seguir en movimiento y durante dos años me sumaba a los viajes que ofrecían a Chile, a Brasilia, a Bolivia, a Perú. Me entusiasmaba conocer ciudades, personas y viajar, divagar. Creo que hay algo queer también en el viaje y en la deriva, en estar corrido del tiempo heterolineal. De no ser lo suficientemente capaz para habitar un tiempo cronológico y productivo.

Toda mitología esconde una realidad, abril, 2021

En un «entonces y allí»
Creo que las artes performáticas operan en mí como una forma de investigación en mi obra, como una lente desde donde contemplo y me invento procedimientos, qué voy a investigar, cómo y dónde. Luego devienen instalaciones, objetos, pinturas, videos, dibujos. Pensar las artes desde su giro performativo me ha dado a entender de que no es necesario ser pintor para poder pintar, ni haber estudiado fotografía para realizarlas. Unx siempre tiene conocimientos, prácticas y saberes. Y esto me parece muy liberador siendo un artista que viene de una provincia del norte, a quien le enseñaron que el arte era cosa de otrxs, aunque ser artista sigue siendo un privilegio de clase.

Soy muy curiosx; leo, observo, sueño, dibujo, charlo con amigxs, veo películas, escucho música y creo que todo comienza con una pregunta que se me cruza y obsesiona. No trato de responderla racionalmente, sino de habitarla con el cuerpo. A veces, son preguntas de otros mundos futuros y pasados y racionalizarla sería hacerla caer en un presente inmediato que no me interesa. Una vez que la obra aparece, se convierte (no estoy segurx de esto) en la materialización de esa pregunta, pero nunca de la respuesta. José Muñoz habla de un tiempo queer que es el “entonces y allí”, nunca el aquí y ahora. Me gusta pensar que mis obras están en un entonces y allí. Un vórtice temporal y espacial de un mundo marica.

Tengo ciertas prácticas que considero giran alrededor de mi hacer artístico. Todos los días dedico unas horas a mi práctica y a la gestión artística, sea leyendo algo, dibujando, pensando u ordenando mi taller. Salgo a caminar, a correr y hago yoga. Mover el cuerpo siempre me da información. Desde hace diez años siempre llevo una libreta conmigo donde dibujo, escribo o anoto cosas, desde la lista de supermercado hasta una frase que leí. Cuando trabajo necesito que el escritorio esté vacío. Según la etapa del proyecto en que esté, hago listas, pongo palabras clave, pego cosas en las paredes que necesito ver, hablo con amigxs. Le cuento la idea a Javi, mi compañerx.

Creo mucho en la conversación, en el diálogo como forma de creación. Hablar también es conversar con unx mismx, deconstruir la idea vieja del artista individual, talentosx, inspiradx, que le baja una información desde arriba de la nada. Me parece que es sumamente necesario el trabajo diario, así como lxs musicxs ensayan todos los días o unx bailarinx practica sus movimientos.

Las artes crean objetos y experiencias que solo nos obsesionan a lxs artistas, son inmanentes y son singulares. Hay en esto una potencia y una práctica que es lo que más me identifica como artista. Poder crear lo que imagino poéticamente y políticamente como forma de resistencia a un presente que no me seduce ni me entusiasma. Si todo es una ficción, prefiero inventar mis propias ficciones.

Toda mitología esconde una realidad, abril, 2021

«Toda mitología esconde una realidad»

Toda mitología esconde una realidad fue una experiencia particular por varios motivos. Primero, porque fue mi primera muestra individual; segundo porque fue la primera vez que me otorgaron la Beca Creación en Artes Visuales del Fondo Nacional de las Artes (2019) y tenía el apoyo de CULTURA Misiones. O sea, que había plazos y condiciones de producción diferentes a lo que estaba acostumbradx. La muestra tenía a Misiones como sitio específico, lugar donde no había hecho nada antes y tenía pendiente regresar con una exhibición después de 13 años, (re) contextualizarme en ese espacio y descentralizar mi producción y también mi andar como artista. Producir en algunas provincias es desafiante porque unx no solo actúa como artista, sino como gestor cultural, productor, curador, realizador y más. Fue una experiencia muy gratificante y tuvo una recepción muy generosa y afectiva.

En relación a las obras, debido a la pandemia, lo que primero iba a ser un año, terminaron siendo dos años de producción hasta que pudo exhibirse finalmente la muestra. La primera pieza que apareció de toda esa serie fueron unas alas hechas en madera y telas a modo de espantapájaros, un objeto escultórico y mágico de seis metros que para mí tenía el objetivo de espantar al pájaro de la muerte. El año de pandemia hizo que aquello que iba a ser solo un objeto, se convirtiese en dibujos, pinturas, fotografías y videos. La imagen generadora en esta investigación fueron las alas como elemento poético. Llamó mi atención, desde un principio, la idea de un ser con alas y los significados que recorrían la historia universal y local, me imaginé mi propio cuerpo con unas prótesis caminando por el paisaje misionero.

A la vez, empecé a preguntarme cuáles eran las narrativas históricas y mitológicas que giraban en torno a personajes alados. El mito de Ícaro y sus alas de plumas y cera nucleaba para mí un montón de sentidos sin clausurarlos. Relacioné el mito de Ícaro con la figura de lxs tareferxs (y la explotación laboral a la que están sometidxs) que, igual que el mito, no puede volar muy alto porque se va a quemar, ni muy bajo porque se va a mojar. También me imaginaba un Ícaro marica y tareferx, llenx de lentejuelas y brillo en la estudiantina misionera, y por supuesto también era yo en todos esos personajes. Lo queer aparecía desde lo homoerótico de los cuerpos del trabajo, pero también en una pregunta que sobrevolaba por lo bajo: ¿qué sucedía con las vidas maricas en entornos rurales donde el sistema heteronormativo oprime de manera más sistemática y no tienen las posibilidades de salir de ese laberinto? ¿Cómo generan estrategias de supervivencia?

Finalmente, la muestra devino en una instalación que contenía todos esos objetos, dibujos, pinturas, videos y fotografías. Fue como abrir una caja de archivos o un rompecabezas desarmado en donde estaban exhibidos todos esos imaginarios, bocetos. Invenciones de mitologías más queers y más utópicas, insistencias de otros mundos posibles para el futuro.

Toda mitología esconde una realidad, abril, 2021

Cuerpo, pandemia y un traje de fantasma

En lo personal, la primera parte de la pandemia fue un alivio. Todo se detuvo, no había ansiedad por producir, el mundo que nos parecía normal había colapsado. Luego de unos meses, me tomó un tiempo entender que algo me faltaba, que algo había cambiado. Mi cuerpo es también un cuerpo colectivo y está compuesto de mis amigxs, de mi familia, de la naturaleza, de las personas con quienes compartía una fiesta, de extrañxs con quien me besaba, de personas que me cruzaba en la calle y todo eso estaba siendo restringido. Lo queer no sólo se define desde mi individualidad marica, sino desde las prácticas que realizamos, de los afectos que creamos, de los lugares a donde vamos. Cuando esto no está, algo en nosotrxs, como comunidad, se despotencia y se aflige.

Desde la relación entre cuerpo y arte, no puedo evitar comparar este contexto con la crisis del HIV en los años 80. Cómo cambió la idea de cuerpo y de enfermedad, y cómo a través de los medios se discriminó y estigmatizó a un sector de la sociedad por ignorancia y desconocimiento. Esto también dio lugar a una cantidad de producciones artísticas a partir de los años 80, en relación al tema de la sangre, los fluidos y el sexo. Cuando aparecieron estas estigmatizaciones, parte de la cultura queer se debilitó por las prohibiciones y los miedos: las fiestas, los encuentros sexuales, la noche y el yire. ¿Ahora la saliva es la nueva amenaza? No me imagino un mundo donde la distancia sea la regla. Cada vez más, vemos al otrx como un ser extraño, diferente, una amenaza.

Creo que la pandemia develó, aún más, el control biopolítico que existe sobre los cuerpos. El privilegio de los cuerpos. Qué cuerpos importan. Quiénes pueden circular, quiénes gozan de una casa para poder aislarse, quiénes pueden reunirse. Quiénes son “esenciales” y quiénes pueden hacer trabajo remoto. Lxs artistas tuvimos que conformarnos con soluciones paliativas, que no hicieron más que dejar en claro las precarias políticas públicas en las que estamos inscriptxs. A la vez, la maquinaria del arte siguió funcionando como si nada hubiese pasado. Es como ese meme que dice ¡vengan a ver mi muestra!, mientras todo se incendia atrás. Fue más fácil adaptarnos que aprovechar esta oportunidad para pensar todo de nuevo.

Por otro lado, nadie nos prepara como individuos para estar enfermos, huimos y le tenemos miedo a eso que llamamos “enfermedad”, como si no fuese parte de nosotrxs. La sociedad nos enseña a tener cuerpos sanos, viriles y trabajadores. El cuerpo enfermo es dejado de lado, no sirve para producir, es inútil y abyecto.

Considero que mi práctica como artista se define por cómo ando por el mundo, cómo lo observo, cómo lo intervengo. Yo imagino mi andar como una práctica estética y poética. Llamarme artista es una construcción ficticia, es un traje de fantasma que me queda bien para sobrevivir en este mundo, que te exige saber qué sos, qué haces, a dónde vas y de dónde venís. Es la forma que encontramos algunxs de ser parte de la sociedad de alguna forma, de encajar. De un mundo que siento que a veces no participo, que me es ajeno. Luego, dentro de ese traje yo creo mi micromundo utópico con mis amigxs como potencias y forma de resistencia.

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