En el cielo yo soy una y soy muchas …como humana soy todo y soy nada

Por Ines Goldbach.

Traducción Mundo Performance.

Anna Maria Maiolino es una artista brasileña nacida en Italia. Curada por Ines Golbach, su primera exposición individual institucional en Suiza, presentó una selección de sus primeros vídeos, películas, fotografías, esculturas, dibujos y textos, que abarcaron un arco narrativo a través de su obra artística y su vida desde la década de 1970 hasta la actualidad. La siguiente conversación tuvo lugar entre mediados de marzo y mediados de mayo de 2021.

Ines Goldbach: Me gustaría empezar hablando del lenguaje, ya que desempeña un papel central en tu obra:  lenguaje como fuente de identidad, como forma de expresión y como material maleable al mismo tiempo. Naciste en Italia, emigraste a Brasil con su familia cuando eras joven, pasaste unos años en Nueva York y luego regresaste a Brasil, donde sigues viviendo. Tus exposiciones por todo el mundo siempre te han traído de vuelta a ciertos lugares. Hablamos italiano e inglés juntas. Tus catálogos y libros, así como los títulos de tus obras, están en portugués y en inglés. ¿Qué significa para vos esta forma de multilingüismo? ¿En qué lengua te sentís más a gusto? ¿Hay alguna lengua en la que puedas pensar, hablar, soñar o incluso encontrar títulos especialmente bien? ¿En qué se diferencian las lenguas para vos?

Anna Maria Maiolino: El habla y el lenguaje siempre han avivado mi imaginación, mi fantasía, de una manera particular, a pesar del dilema y la dificultad que he tenido para aprender los idiomas de cada nuevo país en el que he vivido como extranjera.

Con el paso del tiempo, he aprendido a valorar el significado de cada palabra hablada como reflejo de un pensamiento. Por eso empecé a utilizarlas junto con signos gráficos y pictóricos para construir obras de arte y escribir textos poéticos. Sin duda, puedo decir que mi lengua me representa y reproduce lo que soy, ya que es el instrumento de comunicación, mi herramienta para comunicar mis emociones y sentimientos, sobre todo si tenemos en cuenta todos los diferentes medios que utilizo para construir mi arte. El portugués es mi lengua principal desde 1960. Sin embargo, mi habla errática, alejada de la sintaxis tradicional, busca eludir las reglas gramaticales e insiste en acercarse al uso de otras lenguas -una aspiración atrevida- como «ejercicio de libertad». Aprender cada nueva lengua me devuelve siempre al principio, al comienzo: a los sonidos del alfabeto y las consonantes. Creo que mi experiencia de vida nómada, de encuentro con diferentes culturas y territorios, es una presencia sólida en mi espíritu, como un espejo metafórico: «la vuelta al principio». En un texto de hace muchos años, escribí: «Siempre que estoy confusa, perdida en mi trabajo artístico, vuelvo al principio, al comienzo. Este movimiento de volver constantemente al principio está presente en mis obras y procesos, como en la serie de dibujos Marcas da Gota (Marcas de gota) de 1994 y en la colección de formas básicas modeladas in situ que componen las instalaciones Terra Modelada (Tierra modelada) de 1994/2021». Me gusta poner nombres a las obras. Sugieren conceptos, formas de pensar que, en cierto modo, preceden a la construcción de la obra y, lejos de ser simbólicos, bastan para indicar y significar las obras.

Hay momentos en los que utilizás determinados lenguajes y textos; momentos en los que quizás escribís más que crear esculturas en tu estudio, o trabajas en vídeos o dibujos, etcétera.

Los textos surgen por diversas razones. Hay que tener en cuenta que llevo sesenta años trabajando con el arte y que la amplitud de ese tiempo y mi curiosidad me han permitido realizar trabajos en distintos medios, con una gran variedad de obras resultantes. No priorizo ni valoro un medio sobre otro. Pero, bueno, la elección depende de cuál sea el medio más adecuado para la ejecución de la obra a construir. A menudo, me bastan unas pocas palabras para componer un poema breve, el cual puede reverberar o estimularme a desarrollar otra obra diferente. En los últimos años, he empezado a crear obras sonoras grabándome a mí misma, recitando mis propios textos poéticos y componiendo paisajes sonoros con sonidos preverbales que aparecen en espacios expositivos. Algunas de estas obras se incorporan a esculturas, como Estado de Exceção (Estado de excepción), de 2009/2012, y Dois Tempos (Dos tiempos), de 2010/2012. Incluso me atrevo a definir las obras sonoras y algunos de mis vídeos de la serie Apreensões (Aprehensiones) de 2010 como autorretratos o autodocumentales.

Tu trabajo de múltiples capas ha crecido a lo largo de los años y las décadas, e incluye dibujos, fotografías, vídeos, performances, textos, instalaciones, esculturas, etcétera. Para tu exposición en Basilea, expondremos extractos de textos y poemas en el centro, junto a películas, fotografías y documentación de performances, porque creo que contienen todo lo que hay en tu obra. Tus esculturas de arcilla, por ejemplo, toman la forma de un pensamiento, una palabra, una pausa o una frase. ¿Es cierta esta impresión?

Es cierto, para construir mi obra he utilizado diversos medios, y suelo decir que mi obra se desarrolla en un movimiento espiral continuo, ahora hacia fuera, ahora hacia dentro, ahora hacia los puntos centrales de interés que nutren la práctica, como son los aspectos de la vida cotidiana, la naturaleza, la materia, la tierra, el cuerpo, los sonidos, los conceptos, lo trascendental, lo infinito y la pieza. Emergen obras que sugieren la digestión, la defecación, el interior y el exterior, y lo político, todo lo que también se manifiesta a través del cuerpo. Un claro ejemplo de mis obras sociopolíticas es la serie fotográfica Fotopoemação (Fotopoemación) de la década de 1970, y la performance Entrevidas (Entre vidas) de 1981. Estas obras presentan metáforas basadas en experiencias, y subrayan la posibilidad de una realidad consistente en ideas mediante el uso de un conjunto de sentidos conectados por una variedad de técnicas. Se forma así una red de significados que crea múltiples alfabetos del lenguaje.

Naciste en el sur de Italia y, tras emigrar a Brasil, volviste a ese país mucho después, en los años sesenta, para una exposición. En los años 60 hubo un vibrante momento artístico en Italia: Arte Povera. Entre los artistas activos bajo este término se encontraban Jannis Kounellis, Marisa y Mario Merz, Giovanni Anselmo y muchos más. Sólo en Roma alguien como Kounellis, que procedía de Grecia, pudo encontrar su lengua de predilección (el italiano) y desarrollar desde allí sus primeras obras. ¿Nunca sentiste la atracción o el deseo de volver a Italia, especialmente en este entorno creativo? Tu trabajo habría sido sin duda una importante fuente de inspiración allí. Sobre todo en los años 60 y 70, cuando Brasil sufría la dictadura militar y la libertad de expresión y el simple hecho de ser libre eran especialmente difíciles. ¿Por qué preferiste quedarte ahí?

Nací en Calabria en 1942. Por desgracia, soy hija de la guerra y del fascismo. Fui la menor de diez hermanos en una familia grande y ruidosa, típica del sur de Italia. Mis padres eran personas cultas de otros tiempos, que se habían beneficiado de una gran educación humanista y valoraban mucho el conocimiento y el arte. Mi padre nació a finales del siglo XIX y mi madre a principios del XX. En 1948 la familia se trasladó a Bari, en la región de Apulia, para que mis hermanos mayores pudieran ir a la universidad. Recuerdo mi infancia y los años de posguerra antes de emigrar a Caracas, Venezuela, en 1954. Los primeros doce años de mi vida en el sur de Italia fueron sin duda fundamentales para mi desarrollo como persona y artista. Diría incluso que la mayor parte de mi obra es el resultado de rememorar las culturas de aquellas tierras, como la preparación de la comida, el trabajo en el campo, las cosechas, el canto y la música, el paisaje rocoso con sus cuevas, el cielo azul brillante y el mar, partido por el horizonte. Digo que mis reacciones más primitivas y mi carácter son calabreses, pero que estoy muy lejos de conocer el arte italiano. He vivido la mayor parte de mi vida lejos de mi país natal. Después de emigrar, no volví a Italia hasta 2010, cuando empecé a participar en exposiciones colectivas. Siempre he permanecido allí sólo unos días seguidos y nunca he tenido la oportunidad de viajar como turista, así que sigo sin conocer ese país. Por último, 2010 fue también el año de mi primera exposición con la galería con la cual trabajo, Raffaella Cortese. Unos años más tarde empecé a trabajar con la galería Hauser & Wirth, que tiene su sede principal en Suiza. Luego, en 2018, tuve el privilegio de montar una exposición retrospectiva, O amor se faz revolucionário, en el PAC de Milán, curada por Diego Sileo. Desde entonces he vuelto numerosas veces, siempre por trabajo, y siempre solo por unos días seguidos. Sin duda, fue mi arte el que me reconcilió con mi patria, aunque me siento desgarrada por haber estado tanto tiempo lejos.

La Bienal de Arte de São Paulo es una institución importante para toda América Latina. Me brindó la oportunidad de ver arte de todo el mundo y de Italia. Así fue como me familiaricé con las obras de importantes artistas italianos de los años sesenta. De 1964 a 1981, Brasil vivió tiempos oscuros bajo la dictadura militar. A pesar de la censura, yo -como muchos artistas- pude trabajar y resistir. Hoy, nuestros medios de comunicación han convertido a todos los países en vecinos, y la pandemia del COVID-19 ha igualado actualmente a todos bajo la amenaza de la muerte. Me preocupa ver cómo se extiende por el mundo la política de extrema derecha. Ahora mismo, Brasil es un ejemplo de ello.

Sin embargo, mi arte le debe mucho a las experiencias compartidas con artistas brasileños. Creo que el arte moderno brasileño es muy fuerte y relevante, y el arte contemporáneo de allí es extremadamente vibrante en su experimentación. Mi asimilación a Brasil ha sido un proceso largo, pero puedo decir que trabajar con el arte ha sido un proceso curativo para mí en muchos aspectos. Llegué a Brasil a los dieciocho años, con el pesado y doloroso equipaje de una inmigrante. Aprecio mis lazos fuertes con este país que me recibió, donde nacieron mis dos hijos y donde construí mi hogar.

Acabas de mencionar la situación en Brasil bajo la dictadura militar de 1964 a 1981. Me imagino que para alguien como usted, siendo artista, mujer artista, inmigrante y madre, la situación no ha sido nada fácil. ¿Nunca pensó en marcharse? O, planteando esta pregunta de otra manera: ¿Qué la hizo quedarse, además de las razones familiares? ¿Hubo un contexto inspirador, algunas compañeras artistas, o amigos que le proporcionaron este tipo de intercambio a pesar de la situación política?

En 1968, a mi marido de entonces, Rubens Gerchman, le concedieron una beca y decidimos trasladarnos a Nueva York, donde podría utilizarla. La beca nos permitió salir de Brasil durante un difícil periodo de dictadura militar, en el que la amenaza de la represión y la censura se cernía sobre nosotros. Podría decirse que nos exiliamos.

En un texto de 1997, escribí: «Decidí asumir todos los destinos posibles hacia los que había sido arrastrada, sin dejar nada fuera. Ser artista y mujer ha formado parte de un mismo repertorio desde el principio». También sentía el deber de abordar cuestiones políticas y sociales. De hecho, el sentimiento de deber ha guiado fuertemente algunos aspectos de mi vida. Aún era muy joven cuando tuve que tomar posición ante la realidad, encontrar un equilibrio entre mis obligaciones como mujer y madre y mi deseo de crear arte y descubrir quién era.

Pasar casi tres años en Nueva York me dejó una huella permanente. Sin embargo, fue duro para mí no poder participar en la vida cultural de la ciudad, con dos hijos pequeños y otras dificultades agravadas por el día a día y las penurias económicas. Esta situación provocó la ruptura de mi matrimonio, y en 1971 regresé a Río de Janeiro con los niños, separada de Rubens. Poco después, nos divorciamos.

De vuelta en Río de Janeiro, tuve que empezar de cero. La dictadura estaba en su peor momento. Me sentía impotente ante aquella represión y la idea de irme de Brasil con dos hijos se me hizo imposible. Necesitaba urgentemente encontrar una forma de ganarme la vida. A pesar de todo, puse toda mi energía en construir mi obra. A pesar de las dificultades que encontré al volver a Brasil, fue uno de los periodos más prolíficos de mi carrera artística. Fue una época de gran experimentación, especialmente con el dibujo y los llamados nuevos medios: la película Super-8 y la performance.

Tus obras son también instrumentos de comunicación de tus emociones y de tus sentimientos, especialmente en lo que respecta a los distintos medios con los que construyes tu arte. ¿Trabajas con diferentes medios en diferentes momentos, o en paralelo simultáneamente, dependiendo del tema, o como he mencionado antes, segun tus emociones? ¿Has cambiado tu enfoque artístico, o quizás tu forma de trabajar en general, ahora en tiempos de crisis?

Desde que dejé mi país natal, mi corazón se ha convertido en el de un nomade, siempre dispuesto a acampar en cualquier tierra hospitalaria. Es una buena metáfora para explicar mi ansia de libertad y la diversidad de mi obra. De hecho, la elección del medio que utilizo para cada obra depende de mis emociones y sentimientos. En estos momentos, en esta crisis humanitaria mundial, es difícil para mi agraviado y entristecido corazón alimentar mis emociones y citar alguna preferencia. Sin embargo, como artista, tengo la autoconciencia que necesito en esta situación de crisis para encontrar formas de crear trabajos que puedan interpretar mis sentimientos ante los graves problemas que Brasil y el mundo deben abordar.

Dentro del conjunto de la exposición en Basilea vamos a mostrar vídeos y performances de los años 60 y 70, así como obras más recientes como Eu sou Eu, que vos presentaste en la documenta 13 de Kassel. Reflexionando sobre lo que has mencionado sobre Brasil y la dictadura de los años 70 y 80, me preguntaba cómo fue posible trabajar con artistas y realizar estas performances en el espacio público, así como producirlas y mostrarlas después en el país. Y como pregunta complementaria, en aquella época era bastante pronto para trabajar con vídeo y también para hacer performances. ¿Fue difícil adquirir todos estos conocimientos durante ese tiempo, encontrar a otros artistas que participaran en ellos, así como la posibilidad de mostrarlos y entablar una conversación con ellos? La mayoría de ellas son declaraciones bastante contundentes sobre la situación política de Brasil y el papel que desempeñan las mujeres en ese contexto.

El arte, como toda disciplina, es selectivo y muy raramente llega a todo el gran público. La obra de una artista admite múltiples lecturas y siempre hay ambigüedad en cómo la perciben los observadores, ya que al contemplar una obra de arte cada individuo la apreciará a través de la lente de su propia experiencia intelectual, artística y política. En la mayoría de los casos, esta experiencia no coincide con las premisas de la artista que ha creado la obra.

Hay que tener en cuenta que, en los años setenta, las artes eran conocidas en todo el mundo por grupos de artistas que llevaban a cabo profundas renovaciones de los lenguajes a través del vídeo, la fotografía y la performance. Sin duda, las mujeres artistas desempeñaron un papel fundamental, ya que también crearon obras con un trasfondo político, que expresaban resistencia y desafiaban al sistema establecido.

Durante la dictadura militar brasileña (1964-1981), los artistas visuales produjeron obras que utilizaban metáforas para evitar el panfleto político directo y explícito. Encontramos formas de eludir la censura, motivados por el afán de resistirla. Sin embargo, estos organismos de represión dieron sorprendentemente poca importancia a ciertas obras de arte, como mi instalación Arroz & Feijão (Arroz y porotos) de 1979, y Entrevidas (Entre vidas) de 1981. Ambas obras están muy cargadas de significado social y político. Afortunadamente, no creo que la ley de seguridad nacional, la biblia de la dictadura, considerase peligrosos a los artistas y sus obras. Al fin y al cabo, en aquella época el acceso a los museos estaba limitado. Creo que los organismos de represión no comprendieron las sutilezas de las metáforas utilizadas en estas obras. También creo que el proceso creativo poético y metafórico no está escrito en los códigos militares y, por lo tanto, los artistas visuales gozaban de un relativo grado de libertad, a pesar del miedo. Esto era muy distinto de lo que les ocurría a los actores y compositores de música popular, que expresaban directa y verbalmente su resistencia y su rechazo al gobierno de turno y, como consecuencia, eran duramente censurados.

A partir de los años ochenta, tras la dictadura, se realizaron esfuerzos para aumentar la visibilidad de los museos y un gran número de personas visitó las exposiciones. En consecuencia, incluso las producciones de arte contemporáneo gozaron de una mayor exposición y comprensión por parte del público. Sin embargo, en los últimos dos años, un número creciente de brasileños, especialmente intelectuales y artistas, están preocupados por el creciente desmantelamiento de la educación, la cultura y el arte por parte del gobierno.

Muchos de tus vídeos, fotografías, esculturas y textos reflejan este periodo de trauma, de vivir en una dictadura y su violencia latente hacia los seres humanos y especialmente hacia las mujeres. Hay una reflexión que he tenido durante estos meses de crisis, en la que no dejo de preguntarme si la pandemia cambiará realmente nuestra percepción de lo que vemos. Aquí en Europa, por ejemplo, y especialmente en Suiza, la mayoría de nosotros nunca hemos tenido la experiencia de estar encerrados, de vernos obligados a quedarnos en casa, de estar aislados, etcétera. Tal vez esta crisis dé paso a un tipo de experiencia empática que nos ayude a leer muchas cosas de forma diferente a nuestra perspectiva actual, incluyendo, quizás, sus performances, textos y obras de arte. ¿Crees que esto podría pasar?

La historia se repite. Sin embargo, tenemos que tomar las decisiones correctas en el presente que puedan dirigirnos hacia un futuro más humano, alejado de la violencia y la barbarie. La naturaleza se repite en las enfermedades, en las catástrofes naturales. Simplemente es así, existe. El ser humano no ha aprendido a comportarse adecuadamente con las distintas naturalezas, tanto con la suya propia como con la de su entorno. Ciertamente, estamos en tiempos de profundos cambios. El virus COVID-19 muta constantemente en nuevas variantes. La Tierra también ha mutado en sus configuraciones geográficas y climáticas. Sólo los humanos permanecen fosilizados en su conformismo predominante y en sus creencias de beneficios y progreso a cualquier precio. Los humanos son responsables de la miseria extendida por el mundo y de la violencia cometida por humanos contra otros humanos. Por último, como artistas, nos queda asumir la responsabilidad de la verdad del acto creativo como acción política. Creo que necesitamos urgentemente volver al principio y revitalizar las fuerzas primordiales del sustento, esos valores inmutables de la dimensión natural -agua, aire, fuego y tierra- y recuperar la cultura de la naturaleza, la naturalización de la cultura que permite, como dice Edgar Morim, la fundación de un equilibrio universal.

¿Cómo es tu situación ahora, a pesar de la crisis actual? ¿Tienes oportunidades de intercambio con otros artistas cuando lo necesitas?

Mi traslado a São Paulo, dejando Río de Janeiro en 2005, tuvo un profundo efecto en mis relaciones más estrechas con los artistas cariocas. Cuando llegué a São Paulo, tenía sesenta y tres años, estaba en la cima de mi carrera profesional, lo cual me llevó a realizar varias exposiciones y viajes al extranjero. El tiempo que paso en la ciudad lo dedico a desarrollar mi trabajo. Disfruto pasando horas en mi estudio, pero luego estoy alejada de la vida social de la ciudad, lo cual me ha dificultado conocer a las nuevas generaciones de artistas.

Ahora, con el azote de la política cada vez más de extrema derecha en Brasil, y ante la violencia en el país, donde tantos jóvenes y mujeres son asesinados todos los días, se ha vuelto imperativo estar con los demás y establecer diálogos. Sin duda, el aislamiento social impuesto por la pandemia del COVID-19 ha traído a mi mente todas estas cuestiones relacionadas con esta enorme crisis. En un intento de establecer un diálogo con el joven crítico Paulo Miyada, propusimos una publicación digital trimestral que denominamos PRESENTE.

Considero que este proyecto online, que se publicará en portugués e inglés, es un esfuerzo importante. Consistirá en correspondencia, textos en otros formatos y producciones generadas a través de diálogos entre dos o más personas. El foco principal es el campo de las artes visuales en Brasil. Este proyecto colectivo adquiere otros sentidos, como el de cartografiar nuestros sentimientos. PRESENTE se lanzará en línea el 21 de abril, y vos serás una de las personas invitadas a acceder a él.

Este proyecto es increíblemente fuerte, y al hacer esta entrevista, pude leer la revista y también discutir con vos la mejor manera de integrar la publicación en la exposición aquí en Suiza. Por otro lado, viendo la situación en Brasil ahora mismo desde una perspectiva política, de salud pública y ecológica, estando separados y a distancia unos de otros, donde la gente no puede encontrarse y el arte no puede percibirse, quizás una revista, gratuita y accesible a todo el mundo, sea la mejor manera de explorar el lenguaje a través de textos que reflejan, de forma muy directa, los pensamientos y las preocupaciones de este preciso momento. ¿Pensas que estos textos -que son conversaciones, artículos y poemas al mismo tiempo- forman parte de tu enfoque artístico, ya que son igual de políticos, poéticos, estéticos e informativos?

El proyecto PRESENTE nace a finales de 2020, el primer año de la pandemia, con miles de muertos a pesar del distanciamiento social. Esta situación agrava aún más la negligencia ecológica y el abandono de la cultura y el arte por parte de nuestro gobierno. Esta publicación digital trimestral surgió de mi necesidad de escapar del aislamiento forzoso y de mi deseo de estar y comunicarme con los demás.

A principios de 2021, mientras respondía a una maravillosa carta de Paulo Miyada, me di cuenta de que las cartas entre amigos y artistas podían representar un fuerte medio para expresar nuestros sentimientos, formando una especie de arte. Así, junto con Paulo, pusimos en marcha esta publicación en portugués e inglés. Presenta correspondencia, cartas, otros textos y producciones creadas en diálogo entre dos o más personas en el campo de las artes visuales, principalmente en Brasil, pero también estamos abiertos a propuestas del extranjero. La palabra PRESENTE se refiere al ahora, al tema del contenido, pero también es sinónimo de regalo y, como tal, se puede acceder gratuitamente al formato digital de la revista.

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close